jueves, 11 de enero de 2018

Hoy jueves... REZAMOS CON LA BEATA VICTORIA VALVERDE

NOS PREPARAMOS:

  • Haz un momento de silencio. Siéntate cómodo y respira hondo para estar en paz por dentro. Cae en la cuenta de que Dios está contigo, escuchando lo que hoy Le quieres decir y esperando que tú también Le escuches a Él.
  • Comienza haciendo despacio la señal de la cruz: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. No nome do Pai, do Fillo e do Espírito Santo. Amén. In the name of the Father, and of the Son, and of the Holy Spirit. Amen. Au Nom du Père, et du Fils, et du Saint-Esprit. Amen.

ESCUCHAMOS:

¡Buenos días! Hoy vamos a hacer un cambio en nuestra rutina de jueves. Si este día de la semana solemos rezar con el P. Faustino, hoy lo vamos a hacer con M. Victoria Valverde. ¿Sabes por qué? Porque el próximo sábado es 13 de enero, día que la Iglesia escogió para celebrar su vida y entrega.
¿Te acuerdas de algo de su vida? Ella es la primera religiosa Calasancia que murió por defender su fe en Jesús. Pues bien, como ya sabes, acercarnos a ella es acercarnos a la vida de una mujer que supo darse con generosidad hasta el final. Por eso, vamos a profundizar en este rasgo a través de un cuento.

El árbol que sabía darse

Había una vez, en las afueras de un pueblo, un árbol enorme y hermoso que generosamente vivía regalando a todos los que se acercaban el frescor de su sombra, el aroma de sus flores y el increíble canto de los pájaros que anidaban entre sus ramas.
El árbol era querido por todos en el pueblo, pero especialmente por los niños, que trepaban por el tronco y se balanceaban entre las ramas con su complicidad complaciente. Si bien el árbol tenía predilección por la compañía de los más pequeños, había un niño entre ellos que era su preferido. Éste aparecía siempre al atardecer, cuando los otros se iban.
«Hola amiguito», decía el árbol, y con gran esfuerzo bajaba sus ramas al suelo para ayudar al niño en la trepada, permitiéndole, además, cortar algunos de sus brotes verdes para hacerse una corona de hojas aunque el desgarro le doliera un poco. El chico se balanceaba con ganas y le contaba al árbol las cosas que le pasaban en casa.
Con el correr del tiempo, cuando el niño se volvió adolescente, de un día para otro dejó de visitar al árbol. Años después, una tarde, el árbol lo vio caminando a lo lejos y lo llamó con entusiasmo:
-¡Amigo! ¡Amigo! Ven, acércate. ¡Cuánto hace que no vienes! Trepa y charlemos.
- No tengo tiempo para esas estupideces - dijo el muchacho.
- Pero… disfrutábamos tanto juntos cuando eras pequeño…
- Antes no sabía que se necesitaba dinero para vivir, ahora busco dinero. ¿Tienes dinero para darme?
El árbol se entristeció un poco, pero se repuso enseguida:
- No tengo dinero, pero tengo mis ramas llenas de frutos. Puedes subir y llevarte algunos, venderlos y obtener el dinero que quieres...
- ¡Buena idea! -dijo el muchacho, y subió por la rama que el árbol le tendió para que trepara como cuando era pequeño.
Luego arrancó todos los frutos del árbol, incluidos los que todavía no estaban maduros. Llenó con ellos unas bolsas de arpillera y se fue al mercado. El árbol se sorprendió de que su amigo no le dijera ni gracias, pero dedujo que tendría urgencia por llegar antes que cerraran los compradores.
Pasaron casi 10 años hasta que el árbol vio otra vez a su amigo. Era un adulto ahora.
-¡Qué grande estás! -le dijo emocionado-; ven, súbete como cuando eras chico, cuéntame de ti.
- No entiendes nada, como para trepar estoy yo… Lo que necesito es una casa. ¿Podrías acaso darme una?
El árbol pensó unos minutos:
- No, pero mis ramas son fuertes y elásticas. Podrías hacer una casa muy resistente con ellas.
El joven salió corriendo con la cara iluminada. Una hora más tarde, llegó con una sierra y empezó a cortar ramas, tanto secas como verdes. El árbol sintió el dolor, pero no se quejó. No quería que su amigo se sintiera culpable. Una por una, todas las ramas cayeron dejando el tronco pelado. El árbol guardó silencio hasta que terminó la poda y después vio al joven alejarse esperando inútilmente una mirada o gesto de gratitud que nunca sucedió. 
Con el tronco desnudo, el árbol se fue secando. Era demasiado viejo para hacer crecer nuevamente ramas y hojas que lo alimentaran. Quizás por eso, cuando 10 años después lo vio venir, solamente dijo: 
- Hola. ¿Qué necesitas esta vez? 
-Quiero viajar. Pero, ¿qué puedes hacer tú? No tienes ramas ni frutos para vender. 
- Qué importa hijo -dijo el árbol-, puedes cortar mi tronco, total yo no lo uso. Con él podrías hacer una canoa para recorrer el mundo. 
- Buena idea -dijo el hombre. 
Horas después volvió con una hacha y taló el árbol. Hizo su canoa y se fue. Del árbol quedó solo el pequeño tacón a ras del suelo. 
El hombre regresó después de muchos años y el árbol le dijo: 
- Lo siento mucho, pero ya no puedo darte ni siquiera manzanas. 
- No tengo ya dientes para morder ni fuerzas para escalar. Soy un viejo. 
- Lamento mucho no poder ofrecerte nada. La única cosa que me queda son mis raíces muertas. 
- No necesito mucho ahora, solo un lugar para descansar después del trabajo de tantos años. 
- Bueno, las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa. 
El hombre se sentó junto al árbol y este, feliz y contento, sonrió con lágrimas.

PENSAMOS:

Este cuento que acabamos de leer nos enseña que el que ama de verdad no solo está dispuesto a darlo todo, sino que está dispuesto a DARSE. Así lo hizo la Beata Victoria, que supo darse día a día y supo entregar su vida para salvar la de las religiosas con las que vivía.
Así pues, si tuviéramos que destacar algún rasgo de M. Victoria, sería su gran corazón. Un corazón tierno, entregado, sencillo, honesto... que destacan quienes la tuvieron como maestra o como hermana de comunidad. Un corazón muy parecido al de Jesús, capaz de dar su vida por sus amigos.
Y para que lo tengas en cuenta, al menos en el día de hoy, tu profe te va a dar «algo» para que tú también puedas «saborearlo» ;-P

REZAMOS JUNTOS:

NOS DESPEDIMOS:

Madre Divina Pastora, ruega por nosotros. Nai Divina Pastora, roga por nós. Mother Divine Shepherdess, pray for us. Mère Divine Bergère, priez pour nous.
San Faustino Míguez, ruega por nosotros. San Faustino Míguez, roga por nós. San Faustino Míguez, pray for us. Saint Faustino Míguez, priez pour nous.
Beata Victoria Valverde, ruega por nosotros. Beata Victoria Valverde, roga por nós. Blessed Victoria Valverde, pray for us. B. Victoria Valverde, priez pour nous.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. No nome do Pai, do Fillo e do Espírito Santo. Amén. In the name of the Father, and of the Son, and of the Holy Spirit. Amen. Au Nom du Père, et du Fils, et du Saint-Esprit. Amen.

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